21st of February 2006

Esta temporada hicimos un largo viaje, empezamos en Mobile, Alabama el 1 de diciembre de 2004 y terminamos en Cartagena, Colombia el 15 de diciembre de 2005. El recorrido fue de más de 3000 millas naúticas y por increible que parezca sólo estuvimos en alta mar, lo que se dice navegando, 30 días. Retomo mis crónicas empezando por Panamá a donde nos quedamos 5 meses.

En la mar hubo de todo, buenos y malos tiempos, afortunadamente de estos los menos, aunque queden impresos en la memoria y se magnifiquen en su contenido y es que el Caribe no es tan idílico como pareciera ser en las tarjetas postales. En verano huracanes, cada año más y más destructivos, en invierno los nortes y lo que queda, el Alisio incesante con sus vientos del este.

La verdad es que llegamos a Panamá por mera casualidad, ya que nuestro plan original era ir a Cartagena de Indias directo desde Providencia, pero el viento por variar un poco no acompañaba, exactamente soplando desde el este y siendo que nuestro objetivo principal para este año era estar fuera del area de huracanes, en teoría al sur de la latitud 10 grados, por lo menos hasta hoy ¿por qué no pasarnos por Panamá?

Así un 11 de julio a las cuatro de la madrugada, después de 15 horas de puro motor, de hartarnos de hacernos los quites de los grandes cargueros en su ruta al canal, de un mar como espejo sin viento y afortunadamente sin olas pero con un sol abrasador, botamos el ancla en Portobelo, sitio donde habíamos estado varios meses muy placenteros en el año 2000. Y así fue, nuevamente placentero.

Acá Paul grabó, hace 5 años un CD, fue la opera prima y única del estudio de grabación del suizo Peter Schmidt, quien lamentablemente murió solo en una cama de hospital en Panamá en el año 2001, pensamos visitar su tumba, pero lo incineraron, las cenizas están en el estudio que sigue allí vacio, pues vino la embajada de Suiza y se llevó todo el equipo. De su barco, Tiamat, en su día tan hermoso, sólo queda el casco volcado en la orilla, allí quedaron sus sueños.

Conocimos y reconocimos algunos navegantes, Germán y Susan en su Sirena, han comprado Footloose un barco de lujo de 62 pies, pero al que habrán de dedicar años de trabajo para ponerlo a su gusto, llevan 8 meses sin parar. Con ellos iniciamos la temporada de fiestas, hicimos muchas, algunas mejor ni recordar.

Terry y Nick de Slowpoke, que de despacio no tienen nada, holandeses emigrados a Canadá desde hace 30 años, entre ellos hablan inglés pero con Paul cada uno por su lado habló holandes. Juntos fuimos a subir un monte con la excusa que veríamos los restos de un fuerte de la época de la colonia, pues nada subimos el monte, pero no encontramos los restos. Me regalaron una máquina de coser que al principio fue mi condena y ahora después de una buena reparación, es mi bendición.

Kay y Denis de Lizzie Jean que nos dieron los únicos libros de verdadera literatura que leímos este año, Donna y Howard de Nintai (paciencia en japones), ella fue detective privado en su vida anterior, quisieron convertirnos en jugadores de Mexican Train pero no lo lograron. Jim y familia con su catamarán Tango, tres niñitas una de ella una muñeca que seguramente pensó que yo estaba loca, pues cada vez que la veía me comportaba como tal y es que la chiquilla me fascinó.

Tuvimos la suerte de coincidir con la temporada de vacaciones en Portobelo de Sandra Eleta, la fotografa panameña que ha sido la mecenas del pueblo por años y con quien compartimos muchos momentos en nuestra visita anterior. Sandra confirmó sus dotes de magnífica anfitriona, generosa y relajada, vino para descansar, según ella, cómo lo logra no se sabe con la cantidad de invitados y reuniones que tenía a diario. Por supuesto nos puso en la lista y pretendía que comieramos y cenaramos a diario con ella. Yo empecé con mis proyectos de costura en su casa y comimos y conversamos largo y tendido, desde luego que es una mujer muy activa pendiente del bienestar de su pueblo adoptivo Portobelo.

No todo fue jauja, en esta época del año con mucha frecuencia hay una fuerte marejada que nos tuvo en unos desagradables meneo de lado a lado que hace difícil hacer nada y por supuesto siempre son más intensos de noche. En una de esas había fondeado demasiado cerca nuestra un barco Kuna (grandes barcos de madera a motor que hacen el transporte de Kuna Yala a Panamá), los chicos estaban de fiesta bebiendo lo que no pueden en su tierra muy alegres. Yo soy un pollo y me acuesto casi cuando oscurece estaba ya totalmente dormida, cuando un ruido terrible me hace saltar de la cama y salir a cubierta, y como no, el barco kuna esta allí chocándonos! Como soy dramática pensé que haríamos aguas, etc, etc. Paul en su chapuceado español les daba instrucciones de cómo moverse ellos totalmente borrachos no atinaban y el peligro era primero que destrozaran nuestro anexo y que movieran nuestra ancla y entonces los peligrosos seríamos nosotros. El capitán Paul ordena, ¡enciende el motor! el motor encendió pero la velocidad no entró, la ley de Murphy. Finalmente los kunas se alejaron a chocar casi que todos los demás barcos de la bahía, nosotros hechamos una segunda ancla y pasar la noche en vela y al final hasta riéndonos de algunos barcos encendian sus luces y cómo otros ni se enteraban.

Una mañana viene un barco alemán, sentado en la proa nada más y nada menos que Frank, amigo nuestro a quien conocimos precisamente en Portobelo, esta vez viene de invitado pagando en Sea Adler y además con su chica, una veinteañera de Cartagena cuyo único interés en la vida es ir de discotecas, así que al día siguiente de llegar lo arrastró a la ciudad de Panamá. Frank nos reiteró la invitación para quedarnos en su apartamento en Cartagena. Sea Adler es de Guido y Silvia que después de navegar algunos años por el Caribe se han quedado a vivir fondeados en Coco Banderas, Kuna Yala. En este momento se dedican al rentable negocio de transportar mochileros entre Panamá y Cartagena y viceversa, US$250 por cabeza, entre 8 y 12 pasajeros en una travesía de dos días, toma. Con Frank el negocio se convirtió en crucero y llevan 15 días de pasear por Kuna Yala, ¡hablando de versatilidad!

Portobelo ha cambiado, en general para bien, la Cooperación Española se ha hecho cargo de la remodelación de muchos edificios que le han dado al pueblo otra pinta, ya no hay tantos zopilotes rondando libremente por la calle. Los chinos y sus tiendas son más surtidas y más grandes y hubo un par de ellos que nos reconocieron a pesar de haber pasado tanto tiempo, bueno eso dijeron. También hay una biblioteca con internet. La bibliotecaria es un poco gruñona y el internet funciona sólo a veces, así que mejor aproveché para releer algunos autores latinoamericanos, libros que me prestó por la cara.

Otro cambio extraño es que removieron todas las papeleras del pueblo, ni siquiera en el parque hay una con lo cual el espectáculo es deplorable. Los genios de esta idea son un par de colombianas que se han hecho cargo de prestar el servicio de recogida de basuras, lo malo es que mucha de la gente no quiere pagar y solía botar sus desperdicios en las papeleras disponibles en el pueblo. Ellas pensaron que quitando las papeleras la gente correría a pagar por el servicio o ya no habría basuras, pero me temo que no sucedió así.

Debido a que nos daríamos una “pasadita” por Kuna Yala fue imperativo hacer un captador de agua de lluvia. Paul hizo el diseño y yo me encargué de la costura, la ma´quina la habíamos llevado a reparar a la ciudad de Panamá. Inicialmente pensé que estaría chupado, un triángulo con un agujero en el medio, pero que va fue el inicio de mi frustrante relación con la máquina de coser, entre que el diseño no tenía bien las medidas, la máquina sólo la lograba hacer funcionar a veces, yo sin mucha experiencia en la costura, la labor duró días y días. Sin embargo, como tengo buena suerte, Meli la vecina de Sandra vino en mi auxilio, casualmente y para mi beneficio ella solía ser costurera así con todos mis bártulos me instalé en su casa. Meli me salvó la vida, me enseñó algunos trucos del oficio, me prestó sus dos máquinas vista la situación tan precaria de la mía y las partes difíciles ella cortó y cosió, como si todo esto fuera poco me ofrecía almuerzo todos los días. Creo que sin Meli no hubiese captador de agua. Finalmente cuando terminé el mentado asunto sucedió lo de siempre: paró de llover y hubo que desear y esperar la lluvia por una semana antes de que pudiésemos probarlo, y *¡FUNCIONA!* fue nuestro proveedor de agua para beber, cocinar, ducharnos y lavar la ropa mientras en Kuna Yala.

Lentamente nos preparamos para marcharnos, no es muy usual que nos quedemos por tanto tiempo en un lugar como Kuna Yala sin acceso a nada, es necesario ser completamente autónomos así que debemos provisionarnos muy bien para que no nos falte de nada. Fuimos a Panamá, a Sabanitas y los últimos detalles compramos con los chinos. El barco está que reboza, veremos que tan bien lo hicimos.

Y bueno tenemos provisiones y captador de agua y estamos hasta las narices del meneo de la marejada, estamos listos para partir. Iremos a Isla Linton y luego a Chichime en Kuna Yala. Nuestros planes tuvieron que ser postergados por un día pues la noche anterior fuimos de cena y al volver nos encontramos el barco totalmente invadido de golondrinas quienes tuvieron la bondad de cagarnos de proa a popa pasando por puntos intermedios. Estos amables pajaros buscan donde dormir todos los días al atardecer, normalmente lo hacían en el barco vecino que está abandonado, pero visto que no había quien las espantara esta vez se decidieron por una variación a la rutina. No puedo repetir las frases que les heché durante todo el día siguiente, pues hubo que lavar absolutamente todo. Otra razón para marcharnos.

Levamos ancla y nos dirigimos a Isla Linton, son 6 millas a´si que dos horas más tarde anclamos donde se pudo que fue casi encima del arrecife (está a tope de barcos pues al ser mejor protegido que Portobelo no hay tanta marejada). Ahí quedó Portobelo y sus buenos momentos, hasta la próxima.


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